Saltar ao contido

Un mal día.

23/09/2010

Me quedé dormida, llegué más de tres cuartos de hora tarde. El grifo de la ducha se me cayó sobre el pie, me tropecé en la bañera, una esquina amenazante cumplió su palabra y me hirió en la rodilla. Se me quemaron las tostadas y cargué demasiado el café.

Seguramente me acordé de ti demasiado, por eso olvidé aquello que estaba pasando. En el trabajo no fue ni fu ni fa, que es lo peor que puede pasar. La rutina consiguió que olvidase todo aquello por lo que tengo que luchar. Estoy lejos y no me di ni cuenta, hasta que recibí esa mala noticia. Empecé a tener miedo otra vez. A temer la vida, pensar que decida lo que decida, lo que de verdad importa, no lo puedo controlar. Mis planes nunca funcionan y como me parecen perfectos nunca tengo alternativas. Y sigo hacia adelante, dejando que pase la tarde,  pero a cada momento miro atrás y en estatua de sal una y otra vez me convierto.

Cada vez salgo menos de cañas. Ya no llego tarde, ni hago nada.

Me miré al espejo y vi una cara que casi no recordaba. Se me caían las lágrimas y estaba un poco guapa.

Seguí dedicando mi tiempo a todos los monstruos de la cocina. Y alguien me recordó la última vez que nos vimos. Vi una peli de baile y graduación, animadores y capitanas de fútbol mientras planchaba y me acosté sin pensar prácticamente en nada.

Suena la guitarra.

Se acaba la canción.

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