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ILÍMITES

31/01/2013

Prueba lo siguiente. Ponte en pie. Mano derecha arriba. Dedo índice apuntando al cielo. Coge impulso y gira 360º sobre tu propio eje. Repite. Otra vez. Puedes continuar hasta perder el equilibrio por completo. Ahora sentirás algo parecido a lo que se siente en un concierto de The Fleshtones.

El viernes asistí a una charla sobre emprendimiento. Eso me vendieron; aunque más bien, era de coaching. Parece que hoy en día la gente del mundo de la empresa y la comunicación se dedica a hacer conferencias de autoayuda. Motivar es gratis, señores. En dicho evento, al final, como si no estuviese previsto, uno de los organizadores nos introduce en el término “ilímite”. Es un concepto de Iago Santalla que se refiere a “aquello que somos capaces de hacer durante horas, sin necesidad de mirar el reloj”.

Doce horas más tarde, de reloj, The Fleshtones demostraban en directo qué era aquello del ilímite. Los neoyorquinos tocaron como hora y media larga en la Sala Moon de Santiago, pero podrían haberlo hecho hasta el amanecer, estoy segura. Y yo y las decenas de personas que allí estábamos fracasaríamos en el intento de seguirles el ritmo.

Tan fácil como levantar el brazo y girar, y girar, y girar hasta que todo lo que nos rodeaba careciese de importancia. Mi límite está en dos vueltas. El de Keith Streng, guitarra y voz, está en el número de rayas de su americana (difíciles de contar). Mientras tanto, Peter Zaremba, líder de la banda, pasaba del micro a los teclados, de los teclados a su Estrella Galicia y otra vez al micro, del micro al borde del escenario y de allí a los brazos de un público entusiasmado sin cambiar de tema, perdón, de temazo. Porque los cuatro componentes no bajaron la guardia ni un minuto, empezando en lo más alto, dándolo todo, y quedándose ahí arriba hasta el final.

Cuando alguien hace lo que le gusta, se nota. No hace falta cambiar de estilo ni de camisa hortera. Ni siquiera hace falta tocar en escenarios que no caben en un tráiler. Ni hacen falta grandes efectos especiales para hacer espectáculo. Solo hace falta saber cuál es tu ilímite y dedicarte de pleno a él. Yo descubrí el mío y el de mi grupo de amigas. Nuestro ilímite es tener ideas para disfrazarnos y al final no hacerlo. Sí, pensamos que disfrazarse de The Fleshtones podría molar.

 

Artigo publicado orixinalmente na edición dixital de nove magazine

 

 

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