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HISTORIAS

06/03/2013

Os que me coñecedes sabedes que son unha apaixonada das historias. Aquí vos deixo a historia que máis me conmoveu nos últimos días.

EL ENCUENTRO DE MARINA Y ULAY

Hay quien dice, storytellers varios -qué os voy a contar-, que internet es la nueva hoguera donde la gente se reúne para contar historias. En realidad esta frase podría ir entrecomillada y su autor sería -es- Antonio Núñez. Es una visión romántica de lo que supone compartir fotos de borrachera en Facebook, pero a mí, que soy un poco soñadora a veces, me gusta.

Lo que sí es cierto es que las personas necesitamos las historias como necesitamos respirar. Si rescatásemos la pirámide de Maslow tendríamos que deconstruirla y añadir las historias en la base. Las historias dan sentido a nuestra existencia (¿recordáis aquella del chico y la chica que comen la manzana?), sirven para educar (no te fíes de ningún lobo aunque esté disfrazado de dulce abuelita) o para entretener (vean ‘Django’, por ejemplo, y descarten la mejor película según la academia del otro lado del charco, por ejemplo).

Así que, teniendo en cuenta que internet es el lugar donde muchos pasamos la mayor parte del día y donde hablamos con más gente a lo largo de la semana, tiene sentido que en él se transmitan historias y que, aunque inconscientemente, también acudamos a él para encontrarlas  Lo más común son los fenómenos con poco contenido y mucha pegajosidad, como el Harlem Shake o el Gangnam Style que, de un día para otro, entran a formar parte de nuestra rutina digital y con la misma, desaparecen dejando un motón de versiones y más visualizaciones en YouTube.

Pero también encontramos historias de las otras, de las de toda la vida, con su introducción, su nudo, su clímax y su desenlace. Estos días está circulando la historia de amor entre la artista Marina Abramovic y Ulay y es impresionante. Comienza así (cito literalmente, desconozco el autor):

“En los años 70, Marina Abramović mantuvo una intensa historia de amor con Ulay. Pasaron 5 años viviendo en una furgoneta realizando toda clase de performances. En los 80, cuando su relación ya no daba para más, decidieron recorrer la Gran Muralla China, empezando cada uno de un lado, para encontrarse en el medio, abrazarse y no volver a verse nunca más. Cada uno caminó 2.500 km, se encontraron, y despidieron.

23 años después, en 2010, cuando Abramovic ya era una artista consagrada, el MoMA de Nueva York dedicó una retrospectiva a su obra. Dentro de la misma, Marina compartía un minuto en silencio con cada extraño que se sentaba frente a ella. Ulay llegó sin que ella lo supiera, y esto fue lo que pasó…”

A continuación se da paso al vídeo en YouTube.

¿Alguien se resiste a ver el final?

No creo.

Artículo publicado originalmente en la edición digital de nove magazine.

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