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La (pequeña) rendición

13/11/2014

Laura estaba en contra del WhatsApp. Antes había estado en contra de los móviles. Y mucho antes todavía despotricaba contra las conversaciones telefónicas de más de un cuarto de hora.

Las compañías de telecomunicaciones se hicieron fuertes e inventaron los minutos gratis (como si antes no lo fueran), los smartphones (como si un teléfono pudiese realmente llegar a ser inteligente) y las redes sociales (como si no existieran ya las pandillas de toda la vida).

Como era de esperar, Laura acabó sucumbiendo a la telefonía móvil; pero poco. Conservaba un Nokia que había pertenecido a un expresidiario. Solo lo encendía en caso de emergencia.

Pasaron los años y el viejo Nokia de Laura seguía funcionando. Corría el 2020 cuando se pusieron de moda los ladrillos de principio de siglo con pantallas en blanco y negro y botones. Un hipster de la época se interesó por la reliquia nórdica de Laura y le pagó un dineral por ella.

A Laura le fue imposible encontrar un móvil nuevo provisto de teclado. Así que se acabó comprando uno táctil. Finalmente dio con la venganza. Compró unos botones y se los cosió al teléfono con la máquina de su abuela.

Microrrelato realizado para el microtaller de Microplan Madrid.

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