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—UN TÉ ALICE IN WONDERLAND, POR FAVOR

27/01/2015

RelacionoCosas_DiademaYtéLo habíamos dejado hacía 3 semanas. Nadie entendía por qué y yo no sabía explicarlo.

—Simplemente se acabó.

Fue un sábado. Él me había invitado a cenar y nos tomamos un par de copas. Nos reímos y bailamos. Mientras íbamos de camino a su casa me encontré con una moneda de un céntimo. Me agaché para recogerla y se la di.

—Toma, la moneda de la suerte.

Cuando llegamos vació toda la calderilla de su bolsillo, como solía hacer, en un bote enorme lleno de monedas que «decoraba» su mesilla.

—¿No habrás mezclado mi moneda de la suerte con el resto de tu chatarra?— le solté irónicamente.

Él me dijo que lo sentía y empezó a justificarse mientras trataba de rescatar la moneda. Yo le contesté que era broma, que no importaba. Él me pidió perdón. Yo le respondí que no tenía que hacerlo, que era una chorrada, que no podía darle tanta importancia a mis comentarios. Le dije que me gustaría que fuese más decidido, que se arriesgase más, que por una vez hiciera algo que le diese miedo, aunque estuviese abocado al fracaso.

—¿Qué quieres que haga entonces? —me preguntó. Contesté con una mueca rara, disgustada—. ¿Quieres que te deje?

—¿Es lo que quieres tú? —y solté una carcajada algo nerviosa—. Quizás debería irme.

Y me fui.

Sabía que no me llamaría al momento, pero pensaba que no tardaría en hacerlo. Pasaron 15 días sin saber nada de él. Tardé 10 en asumir que habíamos roto. 12 en echar en falta mi diadema. Yo no quería ser la primera en dar el paso, así que no dije nada.

Aquella diadema era muy importante para mí. Había sido de mi madre. Siempre me la ponía cuando tenía un día de mierda. Me daba fuerza. Me hacía sentir especial. Era de metal, muy finita y dorada con un grabado geométrico en toda su longitud. En uno de sus extremos interiores ponía Bella. Sabía que me la había dejado en su casa. Siempre que me olvidaba algo le hacía una foto y me la enviaba pidiéndome un rescate. Supongo que para él esa diadema tampoco era como un cepillo de dientes que se tira a la papelera y ya está. Así que después de dos semanas me escribió para recordarme que tenía la diadema. Que cómo hacíamos para dármela.

Quedamos en el Gris, «nuestra» cafetería favorita. No sé muy bien por qué. Por inercia. Allí estaba yo, esperando, removiendo mi Alice in wonderland.

Llegó tarde. Me dio dos besos y una bolsa de Springfield. Se pidió una CocaCola. Nos preguntamos qué tal pero no supimos contestar la verdad. Hablamos del tiempo y de la gente que teníamos en común. Que si me encontré con tal, que si quedé con cual. 12 minutos. Dijo que se tenía que ir. Pagó y se marchó.

Abrí la bolsa para ponerme la diadema, lo necesitaba.

Pero no estaba. Había una diadema, sí. Una diadema que no era la mía.

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2 Comentarios leave one →
  1. jrbernardez permalink
    28/01/2015 15:57

    Acórdome dunha diadema igual. Ainda a conservas??

  2. 28/01/2015 16:21

    Non. Oxalá. Como podes lembrarte? Hai mil anos diso.

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